jueves, 3 de julio de 2014

"A-eme-o-erre"

Sí, como acabo de escribir: "me das igual sin darme igual". Y te aludo, así, en segunda persona, sin intención de agredir pero con actitud furtiva. 

A veces me siento muy confundido cuando pienso en nuestros encuentros. Sin duda: tú ni caso y yo demasiado. Y la situación siempre desemboca en lo mismo: dudas y más dudas. ¿Quién eres? ¿Qué te gusta? ¿Qué te hace llorar y reír? ¿Cuáles son tus miedos y tus aficiones? No tengo ni idea...

Y eso es lo que me preocupa.

Esto no son más que pensamientos que un escritor aficionado plasma en letras virtuales. Tú las lees y recibes un mensaje que tu cerebro interpreta automáticamente. No, no me he perdido en lo que escribo, solo quiero analizar la situación en la que nos encontramos. O más bien en la que yo me encuentro y en la que yo quiero inmiscuirte. 

He sentido esto muchas veces, el encontrarme a alguien que llama mi atención, el sentir una conexión instantánea. Y muchos, es más, consideran que me equivoco, que me ilusiono demasiado sin razón. Y yo no puedo evitarlo. 

Soy de los que piensan que si siente una conexión no se equivocan. Nuestros caminos tenían que cruzarse... eso estaba claro. Soy tan crédulo, como dicen, que hasta creo en el destino. Creo en que de una forma u otra estábamos destinados a aparecer el uno en el mundo del otro. "Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio... y coincidir". Esa es la regla que rige mi instinto y mi instante: si has capturado mi atención hasta el punto de cambiar todos mis planes, ¿por qué no iba a perseguir la oportunidad de saber algo sobre ti?

Ya ves, soy el que siempre se esconde tras la cortina, el que lo intenta pero nunca consigue nada. Esta vez quisiera conseguir algo, por una vez. Quisiera que todo el mundo diera una oportunidad a todos aquellos que soñamos con un instante con una persona... con una persona instantánea. De esas que se te meten por el ojo y no salen después de mucho tiempo. Quizá no es "a-eme-o-erre". Es un compañero derivado de este. Es la adicción, el aferrarse a alguien desconocido. Es la situación de tirarte desde un avión a kilómetros de altura sin paracaídas. El saber que vas a caer, mientras sueñas que alguien te coja al vuelo y te salve del vacío.

Ojalá, por una vez, estuvieras ahí para cogerme. Ojalá supieras que ahí estoy y que ahí faltas. Ojalá me conocieras al cien por cien, como nadie lo ha hecho nunca. Ojalá dieras la oportunidad a alguien que ni conoces. Y mira, de desconocido a desconocido... ojalá me quieras.



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