jueves, 20 de febrero de 2014

Marionetas.

¿No pensáis a veces que todo está del revés? Como si malgastaseis el tiempo en personas que no lo merecen y, sin embargo, parece todo lo contrario, como si algún día te fueran a corresponder de la manera deseada. Estas personas en las que invertimos nuestro tiempo, tarde o temprano —dado que no merecen la pena realmente— se irán, porque tienen cosas mejores que hacer que compartir su tiempo con vosotros, las mismas personas que les dedicáis vuestro tiempo. Ellos tienen una vida, un mundo paralelo más allá de posibilidades que se nos escapan. Por mucho tiempo que estiremos los brazos para ver si logramos alcanzarlas resulta un esfuerzo completamente inútil. 

A partir de este punto, situados en la duda continua de no saber si seguir haciendo la estupidez de nuestra vida o no, nos encontramos cerca de la realización, una etapa que nos duele en lo más hondo, pero que es necesaria para continuar y deshacernos de tanta carga prescindible. ¿Qué ocurre? Que no queremos desprendernos de esa ilusión, de tener a una persona que nos complemente. En nuestra imaginación está todo organizado a la perfección, no queremos romper ese rompecabezas (o mejor dicho, ese rompecorazones) que tanto nos ha costado encajar. Momentos que nunca han existido rondan por nuestra cabeza, y mientras no queremos que desaparezcan, conocemos que en la realidad no son más que personas con otra perspectiva:

Ellos no nos valoran como lo hacemos nosotros. Sabemos ver unas virtudes que ellos nunca verán en nosotros, básicamente porque nunca seremos un objetivo, sino un pasatiempo, como si fuéramos un crucigrama o un sudoku. Joder, esto es sentirse como una auténtica basura. Como un objeto, algo de utilidad momentánea, que produce satisfacción instantánea pero de duración limitada. Y no, no somos limitados.

Lo que nunca entenderán es que no somos ese papel que se rellena en unos cinco minutos por puro entretenimiento. Nosotros valemos más. Lo que nunca entenderán es que, más allá de tener una identidad y una apariencia, dentro de nosotros existe una cantidad inmensa de personalidad aún por conocer. ¿De verdad merece la pena malgastarnos?
Lo que sabemos es que nunca sabrán entendernos y valorarnos. Tenemos mil y un facetas que ni siquiera conocerán.

Y lo que nunca entenderemos es que dedicarnos a pensar en la misma persona una y otra vez, día tras día, minuto tras minuto, imaginando una situación de forma continua, no nos lleva a absolutamente nada. Y lo que nunca entenderemos es que tenemos tanta ilusión que dar, tantos minutos que dedicar a hacer y no a imaginar, tanto cariño y tantos momentos... que ni siquiera nos conformamos con lo mínimo, sino que tenemos unas miras tan altas que... miradnos, solo bailamos el agua: somos marionetas.

martes, 4 de febrero de 2014

Miradas de pasillo.

El mismo recorrido de todos los días. La misma gente de todas las mañanas. El mismo destino de todas las semanas. Las mismas paredes, los mismos pasillos, las mismas escaleras... y unos ojos, esos que marcan la diferencia de los días. 
Unas veces están, otras no. Puedo contar lo que transmiten, puedo contar en pocas palabras lo que esos pocos segundos de contacto visual provocan y destruyen. Sin embargo, me gusta extenderme hasta el más mínimo detalle, y más si se trata de algo que me encanta.
Es llegar y comenzar una batalla campal en la misma esquina de los pasillos. Es un contacto delicado, pero a la vez tan brusco como la situación que provocas. Sin querer, seguramente. La conexión dura escasos segundos que se hacen eternos. Si alguno de los dos tuviese el poder de provocar un terremoto —físicamente, claro, ya que con esos ojos cualquiera me desequilibra—, en ese mismo momento hubieran caído los tres pisos del edificio, junto con nosotros, la causa de todo ese desperdicio de material de construcción y sentimientos al límite del abismo. Por esta misma causa, debería denominarnos como "accidente": no quiero imaginarnos en el mismo colchón...
De todas formas, aunque este único contacto sea lo más íntimo que tuviéramos nunca y yo fuera la persona que más ilusiones se hace de todas las que hayas conocido y conocerás en tu vida, espero que una parte de ti nunca olvide ese contacto visual, ese momento en el que podemos estar desnudos sin el "qué dirán", sin barreras que nos separen, sin prejuicios ni temores, sin tu inseguridad y mis ganas de huir de allí.

...O al menos para mí: no sé si sabes que todas estas ilusiones son producto de mi necesidad de ti o de mis vicios. 
Eso si es que al cariño... se le puede llamar vicio.