miércoles, 11 de enero de 2012

Never say goodbye.

Desperté por la mañana en un intento de recordar quién era y qué hacía aquí. Me giré y descubrí que ya no estaba a mi lado, ¿dónde habrá ido? dudo que haya ido muy lejos, su parte del colchón seguía embadurnado con su rutinario olor a canela mezclada con el suave aroma de su pelo. Me recordó a la perfección de la que gozaban cada rincón de su cuerpo, su cabello largo y rubio y esa sonrisa de mil demonios que le alegría el día a cualquiera, -dudo que tanto como a mí-. Me levanté y vi su silueta asomando por la puerta, deformada por el camisón que solía vestir cada noche. Me dirigí hacia ella silenciosamente y la agarré por la cintura. Noté como suspiraba, sonreía y seguía haciendo el desayuno. Se giró, se apoyó sobre la encimera y después de un largo beso acerca su boca a mi oído y me susurra: "buenos días dormilón". Sonreí, gracias a ella sonrío como cada día, ¿qué importaban los problemas a su lado?



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